Claros y Oscuros de los Cosméticos y su Alternativa Ecológica

Desde el principio de los tiempos los seres humanos han buscado la belleza, la de los demás, y la propia. Resultar atractivo ha sido y es síntoma y símbolo de éxito. Sin embargo, lo que hasta ahora era una pretensión lógica en el medio social en el que nos movemos, ha acabado en los últimos tiempos en obsesión. Podríamos decir que la industria cosmética ha secuestrado a Dorian Grey y nos pide un rescate permanente para reflejarlo en nuestro espejo.

 

 

Sin embargo, el precio es excesivo. Y no me refiero únicamente al desorbitado precio de algunos cosméticos, sino al deseo irreal de belleza eterna, de juventud permanente y a la necesidad de estatus, que están causando estragos en la salud del planeta y en la salud corporal y mental del ser humano.

La industria cosmética, consciente de su influencia, lanza constantemente nuevos productos que nos prometen la eterna felicidad, pero basta con leer una etiqueta para comprobar la falsedad de tales afirmaciones. La alimentación saludable, una vida sin estrés, una higiene correcta con las “ayudas reales” y necesarias, así como una buena genética, son los ingredientes imprescindibles para ayudarnos a sentir más atractivos y saludables.

 

 

Una cosmética que lanza al medio millones de envases de difícil o nulo reciclado, que dejó de apostar por la reutilización de los mismos y que además inunda nuestro medio de toallitas perfumadas, de bastoncitos y demás parafernalia, junto con una ingente cantidad de residuos tóxicos, no puede ser saludable por mucho que en sus etiquetas nos digan “libre de” o “hecho con productos naturales”. A ello nos vamos a referir ahora. Una pequeña y resumida vuelta de tuerca a algunos de los ingredientes más frecuentes en el formulario cosmético convencional. Demos un paseo por algunos de los ingredientes más problemáticos:

  • Aceites minerales: los encontramos en la lista de ingredientes como Parafinum liquidum, petrolatum, mineral oil. Derivados del petróleo, dan una apariencia hidratada a la piel, pero en realidad, lo que hacen es evitar su transpiración. Son posibles causantes de dermatitis.
  • Siliconas: ayudan al “deslizamiento” de los diferentes productos. Aunque no son el peor producto para la salud, su efecto medioambiental sí que es importante porque tardan cientos de años en desintegrarse en la naturaleza.
  • Parabenos: conservantes de amplio espectro, baratos y altamente persistentes. Encontrados en el 90% de los tumores de mama, muchas de las empresas le dedican un apartado en su etiquetado principal” “Sin parabenos”. Por algo será.  Sus nombrecitos en la etiqueta suelen ser methylparaben, ethylparaben,…
  • Ftalatos: disolventes y suavizantes altamente tóxicos relacionados con cáncer, disfunciones hormonales y dalos en el ADN. Los encuentras en las etiquetas con la terminación – ftalato.
  • Liberadores de formaldehido: fuertemente cancerígenosse esconden detrás de los nombres Quaternum 15. Diazolidinyl urea, methylisothiazolinone,…
  • Y un largo etc., lleno de fragancias, sales alumínicas, triclosan, y así hasta el infinito y más allá.

 

 

 

 

Pero como no todo va a ser problemas, aquí os dejo una tabla hecha por la bióloga y especialista en cosmética natural Beatriz Lavado, en la que vemos una comparativa entre los diferentes ingredientes convencionales y sus alternativas naturales, eficaces y sin milagros, porque no existen.

 

 

 

Pero como a veces lo natural copia en exceso a lo convencional y la tentación en exceso lucrativa a veces toca lo que parece intocable, os voy a dejar otro cuadro extraído del libro Cosmética Slow de Julien Kaibeck, que me parece muy acertado a la hora de definir el concepto que más se adapta a la filosofía agroecológica. Si quieres saber más sobre lo que es la Cosmética Slow puedes visitar la página web de la Asociación Slow Cosmétique.

 

 

ESTO ES SLOW

 

ESTO NO ES SLOW

 

Familiarizarse con el funcionamiento de la propia piel y no sentir temor ante la imperfección.

Creer que la piel ideal existe y que necesita un millón de productos para permanecer bella

Utilizar la menor cantidad posible para satisfacer todas las necesidades básicas de la piel.

Utilizar una leche desmaquillante, un exfoliante, una mascarilla, un contorno de ojos, una crema para el cuello, un Sérum reafirmante, un corrector de ojeras, una crema de día, una crema de noche, y preguntarse qué nos falta

Leer las etiquetas de los productos para saber qué se consume y por qué.

Creer en la publicidad sin reflexionar sobre lo que hay detrás.

Sentir placer de aplicar los cosméticos con calma, efectuando un masaje en la cara o cuerpo y respirando.

Querer cada día más: más resultados, más rápido, más pot4ente y más técnico.

 

Aceptar nuestra piel tal y como es y convertirnos en su mejor aliado.

Querer cambiar constantemente nuestra piel, buscando la perfección

Adoptar una actitud holística con la belleza: una alimentación sana, ejercicio y pensamientos positivos.

Pensar que los cosméticos son la clave de la eterna juventud y de la belleza definitiva.

 

Hidratar la cara con aceites vegetales puros o aromatizados con aceites esenciales.

Aplicar un Sérum lleno de siliconas más una crema oclusiva por encima.

 

Fabricar sus propios productos de belleza para el cuidado básico diario.

Confiar solo en las grandes marcas cosméticas porque las vemos en las revistas.

 

 

Juan José Diana del Fresno. Biólogo y educador ambiental.

Contacto: juanjodiana@gmail.com

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